martes, 13 de septiembre de 2016

Minnesota y la Superbowl: Un amor nunca correspondido ¿hasta este año?

La historia de Minnesota está plagada de casis, de historias increíbles que acaban con finales dramáticos en los cuales lo único que puedes plantearte es el motivo de tanta desgracia en tan poco tiempo. Esto no quiere ser un recordatorio de aquella infausta patada de Anderson, ni de la patada del año pasado, ni siquiera de la lesión de Bridgewater en esta temporada, esto va a ser una pequeña fábula de lo que ha sucedido, una pequeña fábula de cómo Minnesota quiso conquistar la Superbowl… Y parece que volverá a no conseguirlo


Pongamos que habló de una relación donde Minnesota es el chico y la Superbowl la chica, donde el traje es el quarterback y las piernas el running back, donde la tenacidad es la defensa y otros 31 sueñan con la misma chica. Pongamos que ambas tienen mucha historia detrás, que Minnesota lleva perdidamente enamorada de ella durante años y que la Superbowl varias veces le había sonreído para acabar con otra persona mientras que él acababa llorando desesperado y sin acabar de creérselo.

La noche anterior había estado tan cerca que aún le dolía en el corazón, un fallo en el último segundo le había dejado fuera contra Seattle, pero tenía confianza en que aquella iba a ser su noche. Sus amigos esperaban que no se confiase pero de momento todo pintaba maravilloso, tenía las mismas cualidades que la noche anterior le había dejado al borde de conquistarla, pero además había encontrado un traje ideal, oscuro, de brazo ancho y que se ajustaba a la perfección con lo que era su mejor aspecto, las piernas, el correr. Tenía rivales difíciles si, tenía a su vecino del norte, Green Bay, el cual parecía tener una sencillez aquella noche que desarmaba a cualquier rival, al elegante hombre sureño de Carolina, y al salvajismo natural de Seattle. Y además de ellos tres en caso de lograrlo tendría luego que enfrentarse al gran amor de la Superbowl, Nueva Inglaterra, el cual siempre la acaba conquistando o estando a punto de lograrlo, o al chico malo algo mayor de Denver. Pero no se asustaba, había peleado y vencido a dragones mayores.

Daba todo igual, aún recordaba aquella noche en la que siendo el mejor equipo la cagó en el último segundo, y como después de eso entró en una depresión que acabó destrozando sus sueños poniéndose en ridículo contra un neoyorquino que aún estaba demasiado verde para haber sido su rival. Esta tenía que ser su gran oportunidad, todo el mundo sonreía cuando le veía con aquel traje, aquella noche empezaba a pintar demasiado bien para ser real. ¿Y si al final la conquistaba? ¿Y si después de tanto tiempo era aquella la jugada definitiva?

Pero cuando quedaba una sola hora para iniciar el intento el traje se rompió por mil sitios, era totalmente irrecuperable, aquello era una desgracia pero ni siquiera eso iba a hacerle perder la esperanza. En el último segundo se lanzó a buscar un nuevo traje en el mercado, uno que al menos le diese alguna opción, y vio muchos que le hubiesen avergonzado públicamente, pero encontró uno que dentro de lo que cabía se ajustaba, venía directo de Philadelphia y el precio era un escándalo, pero en aquel momento sabía que era su última gran oportunidad, y decidió comprarlo ante la mirada incrédula de los suyos, que no sabían si era una genialidad o el último golpe de locura de alguien que lo había perdido todo hacía menos de una hora.

Llegó la primera oportunidad y decidió guardar el traje, quería sorprenderla cuando fuese realmente importante. Utilizó uno que ya tenía muy raído pero que seguía funcionando y se lanzó a la aventura, la noche no fue del todo mal pero rápidamente se dio cuenta de que aquello ya no empezaba a ir con él, sus piernas ya no funcionaban como antes, y solo podía haber destrozado al sureño de Tennessee gracias a su tenacidad, pero ya no era aquel sueño que se había quedado cerca de lograrlo.

Ahora le toca enfrentarse a su vecino de Green Bay y esta realmente asustado, su traje no le favorece tanto y tiene que estrenarlo, su rival había ganado cuando parecía todo perdido. Todos los años que había confiado en aquellas piernas le habían caído encima, ahora tenía que enfrentarse a su amigo-enemigo de toda la vida, y no sabía a qué atenerse. Tenía que ganar, tenía que convencer y si perdía se podía despedir definitivamente de la chica con solo dos jugadas, parece que este año tampoco la historia iba a estar con el triste jugador del norte, pero siempre quedaba la ilusión, la que nunca había perdido a pesar de tantas desgracias en aquella batalla. Solo había un problema, si este año no lo conseguía se había quedado sin piernas, y con un traje que no era el suyo para al menos otro año más. Todo dependía de que de repente la historia de desamor se transformase en lo que siempre había sido la relación entre la Superbowl y Nueva York, una historia de milagros imposibles.

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