La historia de Minnesota está plagada de casis, de historias increíbles
que acaban con finales dramáticos en los cuales lo único que puedes plantearte
es el motivo de tanta desgracia en tan poco tiempo. Esto no quiere ser un recordatorio
de aquella infausta patada de Anderson, ni de la patada del año pasado, ni
siquiera de la lesión de Bridgewater en esta temporada, esto va a ser una
pequeña fábula de lo que ha sucedido, una pequeña fábula de cómo Minnesota
quiso conquistar la Superbowl… Y parece que volverá a no conseguirlo
Pongamos que habló de una relación donde Minnesota es el
chico y la Superbowl la chica, donde el traje es el quarterback y las piernas
el running back, donde la tenacidad es la defensa y otros 31 sueñan con la
misma chica. Pongamos que ambas tienen mucha historia detrás, que Minnesota
lleva perdidamente enamorada de ella durante años y que la Superbowl varias
veces le había sonreído para acabar con otra persona mientras que él acababa
llorando desesperado y sin acabar de creérselo.
La noche anterior había estado tan cerca que aún le dolía en
el corazón, un fallo en el último segundo le había dejado fuera contra Seattle, pero tenía confianza en que aquella iba a ser su noche. Sus amigos
esperaban que no se confiase pero de momento todo pintaba maravilloso, tenía
las mismas cualidades que la noche anterior le había dejado al borde de
conquistarla, pero además había encontrado un traje ideal, oscuro, de brazo
ancho y que se ajustaba a la perfección con lo que era su mejor aspecto, las
piernas, el correr. Tenía rivales difíciles si, tenía a su vecino del norte,
Green Bay, el cual parecía tener una sencillez aquella noche que desarmaba a
cualquier rival, al elegante hombre sureño de Carolina, y al salvajismo natural
de Seattle. Y además de ellos tres en caso de lograrlo tendría luego que
enfrentarse al gran amor de la Superbowl, Nueva Inglaterra, el cual siempre la
acaba conquistando o estando a punto de lograrlo, o al chico malo algo mayor de
Denver. Pero no se asustaba, había peleado y vencido a dragones mayores.
Daba todo igual, aún recordaba aquella noche en la que siendo
el mejor equipo la cagó en el último segundo, y como después de eso entró en
una depresión que acabó destrozando sus sueños poniéndose en ridículo contra un neoyorquino que aún estaba demasiado verde para haber sido su rival. Esta tenía que ser su gran oportunidad, todo el mundo sonreía cuando le veía con aquel traje, aquella noche
empezaba a pintar demasiado bien para ser real. ¿Y si al final la conquistaba?
¿Y si después de tanto tiempo era aquella la jugada definitiva?
Pero cuando quedaba una sola hora para iniciar el intento el
traje se rompió por mil sitios, era totalmente irrecuperable, aquello era una
desgracia pero ni siquiera eso iba a hacerle perder la esperanza. En el último
segundo se lanzó a buscar un nuevo traje en el mercado, uno que al menos le
diese alguna opción, y vio muchos que le hubiesen avergonzado públicamente, pero encontró uno
que dentro de lo que cabía se ajustaba, venía directo de Philadelphia y el
precio era un escándalo, pero en aquel momento sabía que era su última gran
oportunidad, y decidió comprarlo ante la mirada incrédula de los suyos, que no
sabían si era una genialidad o el último golpe de locura de alguien que lo había
perdido todo hacía menos de una hora.
Llegó la primera oportunidad y decidió guardar el traje,
quería sorprenderla cuando fuese realmente importante. Utilizó uno que ya tenía
muy raído pero que seguía funcionando y se lanzó a la aventura, la noche no fue
del todo mal pero rápidamente se dio cuenta de que aquello ya no empezaba a ir
con él, sus piernas ya no funcionaban como antes, y solo podía haber destrozado
al sureño de Tennessee gracias a su tenacidad, pero ya no era aquel sueño que se
había quedado cerca de lograrlo.
Ahora le toca enfrentarse a su vecino de Green Bay y esta realmente asustado, su traje no le favorece tanto y tiene que estrenarlo, su
rival había ganado cuando parecía todo perdido. Todos los años
que había confiado en aquellas piernas le habían caído encima, ahora tenía que
enfrentarse a su amigo-enemigo de toda la vida, y no sabía a qué atenerse. Tenía
que ganar, tenía que convencer y si perdía se podía despedir definitivamente de
la chica con solo dos jugadas, parece que este año tampoco la historia iba a
estar con el triste jugador del norte, pero siempre quedaba la ilusión, la que
nunca había perdido a pesar de tantas desgracias en aquella batalla. Solo había un problema, si este año no lo conseguía se había quedado sin piernas, y con un traje que no era el suyo para al menos otro año más. Todo dependía de que de repente la historia de desamor se transformase en lo que siempre había sido la relación entre la Superbowl y Nueva York, una historia de milagros imposibles.
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